La Terrible Democracia (LTD).


Agustín Perozo Barinas.

Siendo muy joven, en los 70, durante la dictadura balaguerista que se prolonga desde 1966-1978, escuché por primera vez la frase “La Terrible Democracia”, en referencia a los carros “cocote-largo” tipo Ford LTD que usaban los secretarios de Estado y otros altos funcionarios de la época. Joven al fin, no entendía la esencia del significado propuesto por esa frase.

Pasan los años, tanto para mi como para nuestro país, y ya podemos evaluarnos en retrospectiva. Yo más viejo y el país más jovialmente poblado. Veo juventud por doquier. Pero...

En mayo de 1978, luego de aquellas traumáticas elecciones, celebran los ciudadanos la conquista de libertades democráticas. Yo todavía era muy joven para entender las implicaciones de todo aquello. Sin embargo, en la estrecha lógica de mis años entonces, ello era la llegada, el logro de “democracia”... No “terrible”, pues se enmarcaba este último término en el balaguerato post-revolución del 65, como ya mencioné.

Siguieron los años su curso, agotando tiempos de cada ser. Ciertamente me tomó años adecuar la frase “La Terrible Democracia” a la realidad dominicana desde 1978 a la fecha. Pero desgraciadamente alguna mente profética acuñó la frase para consumo posterior. Inexorablemente.

Ciertamente tuvimos y tenemos hoy “LTD” con sus consecuencias. Nunca democracia propia y honestamente dicha. Entendiendo que ésta, para ser viable, válida y legítima, es un sistema de propuestas de gobierno presentadas por contendores, y a elección de una masa sufragante con determinado nivel de desarrollo intelectual -en su mayoría-, y por lo tanto con capacidad para evaluar, discernir y elegir entre estas propuestas, y cuyo solo hecho de oposición entre sí asegura libertades, enmarcadas éstas siempre entre el derecho y el deber ciudadano. Lo demás es tiranía, monarquía o puramente selva.

Por muy lejos, esta no ha sido la realidad dominicana, ni la es, en sus procesos políticos “democráticos”, como mostró el reciente certamen electoral congresual y municipal.

Yo ya más distante de aquel adolescente de los 70 y mi país aún hoy joven, veo en este presente, con preocupación, los resultados y consecuencias de esta “terrible democracia” renovada. Es evidente en cada orden, para el ojo y mente no contaminados, o al menos descontaminados.

A fin de cuentas, ¿acaso un sistema democrático no aspira, y es su esencia vital, al bienestar sostenible de todo miembro del cuerpo social? Esto es, ¿alimentación, salud, vivienda, educación, trabajo, libertad, retiro, etc.? Al 2010, República Dominicana arriba siendo una nación joven, pero si bien “no se pasa hambre”, hay salud deficiente, está mal techada y, en alta proporción, pobremente educada. También no es discutible que está des- ó subempleada y muy enajenada y alienada (por lo tanto, no libre). Y para el que envejece, es mucho más dramática su realidad.

Siendo una sociedad ampliamente joven, no tiene prometedoras expectativas a corto o mediano plazo. Las estadísticas “positivas” a favor del “demócrata” de turno son parte visceral de la misma podredumbre “LTD”: miente, miente, que algo queda... Así como el temático Parque Jurásico fue un gran éxito, aseguraría que, clonando la fórmula, podemos realizar tours nacionales para confirmar o descalificar lo aquí descrito.

Y teniendo en cuenta que se exige lo propositivo paralelamente a cada reclamo o crítica, yo propongo la verdad.

Si se asumiera ésta, sería la correctora por sí misma de tantos “desaciertos” –entre comillas, para ser benévolo con los diseñadores y ejecutores de esta tragedia dominicana-. Tragedia que se hiperboliza, por ser mayoritariamente joven la población dominicana en la actualidad. Ya yo soy medianamente viejo con dos risueñas hijas, y algún día nietos, que los deseo a todos ellos como felices dominicanos, producto de una verdadera democracia.