El despertar de los dormidos



Agustín Perozo Barinas

Un abstencionista electoral en un sistema democrático es un ser dormido. Los eventos, causas y efectos, pasan y suceden sin su más mínima participación. Excepto que, sin pretenderlo, es cómplice por omisión e indiferencia de todo lo reprochable en el accionar de los politiqueros de turno. Un abstencionista fortalece la vigencia y poder de esa claque desfalcadora de los recursos de nuestro país. Hay que señalar e identificar al abstencionista. Despertarlo antes que su propio sueño lo mate. De hecho, ya hay muchos muriendo en manos de la delincuencia generalizada, deficientes servicios de salud, viviendas inadecuadas, incapacidad escolar-académica, deformación de valores y sus consecuencias, vejez desprotegida, carencia de empleo digno, desesperanza y muy limitada representatividad ante los poderes públicos.

Pero el sueño del abstencionista es profundo. Lo alimenta la descreencia, la desconfianza, la desinformación, la manipulación, la desidia y hasta la irresponsabilidad. Despertarlo requiere un cañón cargado con verdades irrefutables, con argumentos irrebatibles, con hechos evidenciables, con dolores propios y ajenos, con vergüenza renovada y con indignación acusadora. Un cañón no susurra ni pretende convencer con sutilezas. Es directo al grano, agudamente sonoro, estremecedor de conciencias, iniciador de voluntades, volteador de hamacas, alarmante mecanismo mostrador de horizontes. El abstencionista es enemigo de sí mismo, sin querer serlo. El sistema que amamanta a los politiqueros desfalcadores lo ha confundido y embotado. Hay que limarle el filo de su intelecto. Acercarle el cañón al oído. Sacudirle en súbita expansión su esquema de formación del pensamiento y su patrón de organización de las ideas. Arrastrarlo a la verdad circundante. Hacia el mismo cúmulo de realidades que le imprimen angustia y limitaciones y que todo abstencionista puede cambiar oportuna y decididamente.

Pero el abstencionista necesita un faro. Una guía que lo atraiga como el imán al hierro. Como al creyente su Biblia. Un punto radiante de fe, de creencia reconquistada por donde se sienta reconocido(a) y sus capacidades valoradas y aplicadas. No un faro estático, sino tan dinámico que oponga fuerza a la misma acción abrumadora de los infelices desfalcadores y su derrotero al abismo.

El mejor argumento cómplice para despertar al abstencionista es su propia condición. En su propia inacción siente los resultados de la misma. Lo golpea incesantemente en su diario vivir. Su calidad de vida involuciona. Sigue amando su Patria por inercia pues si pudiera remontarse a otros cielos lo haría, no por deseo, sino por necesidad. Sabe, tal vez más que nadie, donde está el origen de toda la miseria político-socio-económica que le rodea. Sin embargo lo han aislado a todos de forma que no interactúen con nuevas ideas contradictorias al presente estado de cosas. De nuevo volvemos aquí al cañón avispador. Concentramos con él en cada individuo sus sombras hacia dentro, al mismo centro donde han orquestado las marionetas del abstencionismo como única respuesta a su entorno político y así, convergiendo y colapsando todas las verdades en este mismo centro tendrá una sola conclusión: las inestabilidad del concepto abstencionista. Brotará un reclamo de participación y de accionar en contra del despropósito. Un puño que sostenga la vergüenza para golpear la fatalidad reiteradamente hasta reducirla junto a sus proponentes y aprovechadores.

Yo soy ya un despertador con una alarma fija y estridente. Hay aproximadamente tres millones y medio de dominicanos, 55% del universo sufragante, que tienen que pagar un alto precio por su abstencionismo, garantizando con esa postura que un millón y medio de dominicanos, en su mayoría dominados y guiados con asistencialismo clientelar como ganado al matadero, mantengan en el poder a los debilitadores y anuladores de la institucionalidad, del Estado de derecho, de las leyes y de nuestros valores seculares, sumiendo de paso al resto de la población dominicana en las realidades que nos encaramos día a día, donde hemos perdido hasta la capacidad de asombro. Por cada abstencionista que yo libere de su sueño mortal, ha ganado él (ella) mismo(a) y nuestra sociedad que es la Patria misma. No tengo que buscar mucho por ahora, porque están en todos lados. Espero que muy pronto sea en extremo difícil encontrar uno(a).