BAILA SALOME



Virgilio López Azuán

En tus vuelos de velos, baila Salomé, da vueltas a tus caderas ondulantes, y escribe mil ojos en tu espalda, en tus pechos y tus nostalgias. Deja que tus pies señalen estrellas estancadas en tus aguas. Sobre tu piel, manzanas mordidas, el deseo y los imperios dominen las fieras. Vuelve Salomé a escribir tu nombre en nuestras tabernas, vuelve a delirio del vino y tráenos tus sedas, tus vuelos en la danza, el desnudo de la niebla. Baila Salomé, este martes a las doce, con todas sus hazañas, soledad de patios, y míranos los ojos llenitos de ti, con tus manos en fuga, sobre el viento y la nada. Baila Salomé, baila. Danos tu cuerpo rosado de infamias, de la bulla borracha, del banquete enamorado. Tiéndenos tus manos, desamparados somos del canto, de la nube que empieza a convertirse en agua. Baila Salomé, que no acabe la danza, que redoblen los sonidos hasta la madrugada. Lavémonos la cara, Salome, que han cantado los gallos, pero danza, baila, danza, baila. Que no acaben tus velos, para seguir los intentos, de morirnos por verte arriba del silencio, anonadados. Baila Salomé, sin dejarnos ciegos, paraísos envueltos entre ensueños. Baila sobre los centuriones y las centurias, sobre los recuerdos y los perfumes, sobre el César y sobre todos. Tú no eres la otra, tú eres la danza, eterna danza, cuerpo que tiembla. No te vayas Salomé, danos tus sedas y tus prendas del pelo, danos tus manos, tu cuerpo entero, entrega tus llaves por si llueve.