La cuadratura del disco

Amada de los dioses, doña Betycita:
Me dirijo a Ud. en nombre de los que no pertenecemos a los poderes fácticos,
que han corrompido a sus coidearios,
y que tampoco hemos sido elegidos por el pueblo soberano,
es decir, de los que somos casi nadie,
para hacerle la siguiente consulta sobre el acoso textual,
cuyo máximo exponente ha sabido ser,
según su amiguita Sandra,
la de la mochila azul, el ministro turista,
que después de haber llegado al grado más alto de la iluminación zen
es hoy Fredy-Ma-Tsu.
Todos los sábados, yo, que estoy ya medio sordo,
suelo escuchar, por aquellas radios y televisiones inmaculadas,
que les pertenecen a unos señores creo de apellido Alvarado,
a un señor que trata a los que en mi tiempo,
y no sé si para él,
se llamaban los semejantes,
de aniñados,
basura,
buitres,
bocones,
caras de estreñidos,
car"e tuco,
cavernícolas,
chiflados,
consejeros sexuales siendo vírgenes,
corruptos,
enanos fachín,
fantoches,
gallinazos,
imbéciles,
limitaditos,
masón que pega a la mujer,
medio hombre,
medio mujer,
mujer nefasta,
mercenaria,
periodiqueros,
periodistas semignorantes,
periodicuchos,
pitufo gruñón,
ponchos dorados,
pillos,
puercos,
sapos,
tonto astrólogo,
trompudos,
que tiene un zapato en la cabeza
y otros 100 insultos más.
Mi consulta es si ese señor caería,
como el maestro zen, Fredy-Ma-Tzu,
en aquella tificación del delito de acoso, porque,
según uno de sus múltiples y geniales borradores de ley,
el acoso se refiere "a mensajes difundidos con periodicidad
de al menos una semana,
para desprestigiar,
fustigar,
agobiar,
reducir,
acobardar,
romper la resistencia sicológica de una persona,
organización
o producto".