Poema en prosa en la obra de José Mármol


Miguel Ángel Valerio y Eduardo Mitre

Históricamente, el poema en prosa ha estado marcado por un carácter anecdótico (tanto que Mallarmé, por ejemplo, tituló una de sus colecciones Anecdotes ou poèmes). Los poemas en prosa de José Mármol, sin embargo, parten de esta tendencia tan extendida a través de la historia del género. En sus poemas en prosa, José Mármol no narra, sino que invoca y dialoga con un interlocutor, con una voz viva y candente que comunica una presencia inmediata, porque sus temas son los más inmediatos al hombre: Arroja tú los dados, Señor, te ha llegado el turno y es invierno. Arrinconado está el tridente, una piel de cenizas cubrió las cordilleras Señor, he aquí el canto de la luz a ti debida, en la quietud del mar y la discreción tan pura de la noche infinita.… «Deus ex machina»

Inequívoca y laudable imitación de «Los dados eternos», de César Vallejo, en la cual vale la pena detenerse.

Poema principal del poemario que lleva el mismo título, «Deus ex machina» expresa la cosmovisión de su autor, como «Los dados eternos» la de Vallejo. La lectura de estos dos poemas en conjunto nos permite ver que la cosmovisión de Mármol y la de Vallejo son muy afines. No obstante, hay algunas diferencias entre los dos poemas, como la hay entre los dos poetas. La primera y más obvia diferencia es que el poema de Vallejo está escrito en versos, mientras que el de Mármol está escrito en prosa. Pero la diferencia más importante entre los dos está en su contenido, y no en su estructura.

En el poema de Vallejo, en el cual asistimos al fin del juego por medio del cual Dios decide la suerte de los hombres, encontramos una escena escatológica:

Dios mío, y esta noche sorda, oscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.

En cambio, en el poema de Mármol, asistimos a un reto a iniciar el juego (del cual —por cierto— el poeta nada espera). Y no obstante, encontramos un remate más esperanzador:

Arroja tú los dados, Señor, te ha llegado el turno de lo ineluctable. Despídelos sin miedo de tu anchurosa mano, porque a los ocho lados de suerte nada espera, y hacia la muchedumbre y el desastre apunta el cielo. Arrójalos tú, Señor, te ha llegado el turno y es ardiente verano.

Nótese que el poema de Mármol comienza en invierno y termina en verano, constituyendo un círculo perfecto, del cual Dios está ausente. En ello reside la afinidad entre las cosmovisiones de los dos poemas y sus poetas: Dios existe y rige el mundo desde fuera. Este Dios, por lo tanto, no puede simpatizar con el hombre, porque no conoce la experiencia humana en carne propia.

José Mármol, volviendo al poema en prosa, no se vale de la narración, o evocación, como sus antecesores en el género, porque prefiere dialogar con un interlocutor, sea Dios, el prójimo, la amada, la ciudad o la naturaleza:

superficie de luces agotadas donde apenas el sonido de la sombra suena. yo te nombro ciudad irreal hundida en la penumbra de un recuerdo invernal.…

«Poema 24 al Ozama: Acuarela»

porque él no quiere hablar del universo, o sobre el universo, sino con el universo, y decir universos nuevos. Por ende, la voz de José Mármol es una voz viva, donde el poeta, el prójimo, Dios, la amada, la vida, la naturaleza, etc. cobran vidas propias, vidas que no habían vivido antes. En ello, podemos apreciar la influencia que ha ejercido Huidobro sobre el poeta (a la cual éste testimonia con un epígrafe del fundador del creacionismo en su penúltimo poemario, Torrente sanguíneo).

Ahora bien, el interlocutor de José Mármol, como su Dios, está y no está presente en el poema a una y la misma vez. Su interlocutor está presente en las palabras del poeta, y por ende, como su creación, pero no está presente en su propia palabra, su propia voz, tal y como es independiente del poeta. De ahí que José Mármol, como Herbert, Whitman y Ashbery, dialoga con un interlocutor invisible, al cual él le da cara, cuerpo y voz, sea él mismo, el prójimo, la amada, Dios, la ciudad, la naturaleza, etc.

Espero que no venga a señalar demasiado tarde que los poemas en prosa de José Mármol son, estructuralmente, versos escritos en una línea continua, separados uno del otro por puntos, y que a veces comienzan con mayúsculas

Oh llamado demoníaco del surtidor poético no me abandones a la miseria yerma de la claridad. Apártame por siempre de lo fácil lo tangible. …
«Arte poética»
y otras no
tan árida la tarde llena de mundos ágiles y de ojos. estocados de cláxones y voces conversando a lo lejos. yo podría morir a esta hora y todo continúa. …
«Encuentro con las mismas otredades»

De ahí, que podemos encontrar métrica en los poemas en prosa de José Mármol.

En su estudio «El poema en prosa y el principio antimétrico», Miguel Á. Márquez, a través de la fragmentación de poemas en prosa de varios autores, desde Bécquer a Borges, en versos, pretende demostrar que no hay prosa sin métrica. Aunque su estudio es un poco excesivo, sino obsesivo, su afirmación es cierta, aunque no llegue a ella por la mejor vía. Yo, por mi parte, señalaría la métrica como consecuencia natural del ritmo inherente en el lenguaje. Por eso, no me sorprende encontrar métrica en los poemas en prosa de José Mármol, y otros poetas que han experimentado con el género. Por ello, no encuentro necesario fragmentar los poemas de Mármol en busca de metros. Además, ello sería ignorar la meta del poema en prosa: el deseo de democratizar la poesía y elevar la prosa a un nuevo nivel estético, como ya lo tengo dicho.

A modo de conclusión José Mármol apropia el poema en prosa transformándolo de un género anecdótico, evocativo y pasivo, a uno invocativo, vivo y activo. El poeta no cuenta: canta, y se dirige a un interlocutor. Es así que Mármol logra unidad y armonía entre el poema en verso tradicional y el poema en prosa, reconciliando los dos géneros en poemas que a una y la misma vez elevan la prosa a un nuevo nivel estético y le dotan de un ritmo afín con el del poema versificado tradicional. Coindentia oppositorum, por último, a través de la cual Mármol hace un círculo perfecto, como en «Deus ex machina», con el poema en prosa y el poema versificado en el cual volvemos a la musicalidad que éste había perdido, sin volver, sin embargo, a la esclavitud, tanto formal como temática, de la cual el poema fue liberado por los fundadores del poema en prosa.

En síntesis
José Mármol (Santo Domingo, 1960),

No es tan sólo uno de los principales exponentes de la poesía dominicana contemporánea (Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña 1987 y 2007, Premio de Poesía Pedro Henríquez Ureña 1992, y Premio de Poesía Casa de Teatro 1994), sino de la poesía panhispánica actual (como lo asevera el accésit al Premio Internacional de Poesía Eliseo Diego 1994). Ahora bien, la obra poética de José Mármol (que cuenta con catorce títulos entre poemarios y antologías personales publicados) está casi exclusivamente constituida de poemas en prosa, género en el cual el poeta ha vertido su voz, su ritmo y su estilo único, dotándolo de un nuevo carácter, tanto estructural como contextualmente. Esto es lo quiero señalar en este breve vistazo a un aspecto central de la obra poética del distinguido poeta dominicano.

Hoy Digital. Areito. Letras. 20 de febrero2010.