NO ES PAIS PARA VIEJOS


Ligia Minaya
Denver Colorado

Al llegar a viejo, una tiene que buscar su sitio, sin estorbar a los más jóvenes; hacer cosas que nos entretenga la vida, que nos ocupe el tiempo en que ya no podemos hacer lo mismo que cuando éramos.

Hace unos días fui a que me repararan la computadora. El muchacho que me atendió me dijo que la tenía que cambiar, que ya era muy vieja. ¡Dios santo, pero si tiene menos de cuatro años! Si señora pera ya está obsoleta. Bueno, la cambié. Resultó entonces que la nueva no aceptaba la impresora. Otro cambio. Lo mismo me sucedió cuando el celular no daba las señales requeridas. Está muy viejo, dijo el empleado, pero si solo tiene cuatro años, le contesté. Bueno mi señora, ya eso es mucho tiempo. Me dio pique y le dije, pues mire, cámbieme a mí también que tengo tantos y más. Es que ni este país, ni los demás, son para viejos. Sólo los orientales, los árabes y gente con otro estilo de vida, creen que la experiencia que se acumula con los años sirve para mucho y nos dan a los viejos un lugar digno.

Es cierto que en USA a los Seniors, como nos llaman, tenemos algunos privilegios: El autobús cuesta menos, te hacen descuentos en algunas tiendas, en las panaderías y te ceden el paso al entrar a un edificio, pero respecto a ese cambio de aparatos, de electrodomésticos, no somos nadie. Y lo peor es que después que una aprende a manejarlos, al cambiarlos por uno nuevo, debe volver a aprender, porque la diferencia entre uno y otro es abismal. Por eso le preguntaba a una amiga que tiene los setenta con creces y quiere vivir no se sabe cuántos más, qué piensa hacer cuando ya todas sus amigas hayamos partido, cuando tenga que abrir la nevera sabrá Dios cómo, manejar el Internet como llegado de otro planeta y encender la estufa con un larga distancia incontrolable, sobre todo, cuando los hijos y los nietos no estén ahí para ayudarla.

Porque aquí lo que se usa es el Home, como le dicen a las casa de ancianos. Que las hay muy buenas, pero muy caras y los gringos se refugian en ellos antes que los hijos los echen de casa. Los hay buenos y no tan buenos, malos y no tan malos. Es que aquí no se usa convivir con los padres. Los hijos se marchan al cumplir quince años y a veces ni envían una tarjeta. Aunque pensándolo bien, la vida actual no permite muchas veces la convivencia con los padres, en especial si interviene el Alzheimer. Pero bueno, cada quien con su vida y hay motivos y causas. Lo que quiero aclarar es lo del cambio de cosas. No es posible que se hagan inservibles en un par de años y entonces adquirir un tornillo, la pieza de un carro, un cable, se haga más caro que comprar un aparato nuevo ¡Dios mío, hasta dónde hemos llegado!

Es que al llegar a viejo, pienso yo, una tiene que buscar su sitio, sin estorbar a los más jóvenes; hacer cosas que nos entretenga la vida, que nos ocupe el tiempo en que ya no podemos hacer lo mismo que cuando éramos jóvenes e impetuosos. A pesar de todo, los años que nos queden por vivir, tienen un valor incalculable y hay que saberlos usar, aunque nos cambien cada año la computadora y ya no sepamos usar los nuevos celulares. Que ese es otro problema. Aún así, con el cuerpo alegre y la mente sana, ya es bastante.

Diario Libre Digital. Saudades 30 enero 2010.