1ra. Sentencia por contaminación sónica en nuestro país.



Luciano Frías
Por si alguno se siente tentado a pensar que sólo suelo referir cosas negativas en mis escritos y comentarios, ahora traigo una noticia de signo positivo.

Precisamente esta noche (1ro de marzo del 2010), se ha establecido un hito histórico en la jurisprudencia de nuestro país. Los señores William de la Rosa y Julio Justo Rivera, propietarios del “Furgón de las Frías”, negocio de expendio de bebidas ubicado en la Av. Constitución, fueron condenados a 5 días de prisión en la cárcel de Najayo y al pago de 100 salarios mínimos, por el 1er Tribunal Colegiado de San Cristóbal. El cargo que se les hizo es de contaminación sónica.

Éste es el capítulo final de una lucha que durante varios años han sostenido los vecinos del lugar, que han sufrido el embate de la música a volúmenes desconsideradamente elevados y dañinos para la salud. De igual manera no puede dejar de mencionarse el trabajo que con entusiasmo y responsabilidad ha venido realizando la magistrada Francia Calderón, procuradora de medioambiente, ha venido realizando a favor del respeto y cumplimiento de las leyes medioambientales.

Este acontecimiento constituye, independientemente de lo que pueda pasar en los próximos días, un signo esperanzador, que nos expresa que si las personas se nos empoderamos y procuramos unidos la solución a las múltiples amenazas que se ciernen sobre nuestra comunidad, podemos lograr un futuro mejor para todos.

También debe ser este evento una advertencia a todos aquéllos que, en búsqueda desenfrenada de beneficios económicos, atropellan, violentan y abusan de los más débiles e indefensos y usurpan el espacio público. Y no deben quedar afuera los candidatos cuyo trabajo es hacer leyes, pero que se promocionan haciendo añicos con sus discolights las mismas leyes que ellos han hecho y deben hacer cumplir.

Mis felicitaciones a Francia Calderón y todos aquéllos que no se dejaron amilanar por el miedo y reclamaron y defendieron sus derechos. Ánimo a aquéllos que en sus propias casas y habitaciones, en ocasiones ancianos y enfermos, tienen que soportar la agresión de la música estruendosa y groseramente irrespetuosa. Dios está con todos ellos.