HAITI: EL DOLOR CRUCIFICADO



Marcial Báez

Un movimiento inesperado.
Una energía liberada de lo profundo de la tierra.
Una sensación inestable se apoderó de los cuerpos.
Un vahído general.
Un asombro que transmutó cada rostro.
Un susto… ¡La tierra ha temblado!

Una noticia vivida y rápida
en el Gobierno de la Tarde, en la Z101:
en Cafur, Haití fue el epicentro,
7.0 grados en la escala de Richter,
arrasó a Petionville en Port-au-Prince,
se apoderó de la pobreza,
también de la riqueza y el poder,
los aplastó el hormigón,
bajo los escombros, destrozados.

En la "Perla de las Antillas",
siempre triste y olvidada,
se vive un drama dantesco,
a la espera de justicia,
de una vida más digna,
donde el equilibrio burlón
se estacione sempiterno en cada puerta,
que no exista la marginalidad,
que el hambre no sea un estandarte,
y que el mundo entero,
con respeto los vea.

En un lento peregrinar
nos llegan las primeras imágenes,
insólitas, desgarrantes, funestas,
los símbolos haitianos han colapsado,
por el estruendo,
el polvo y la naturaleza inquieta;
sólo quedó el dolor crucificado,
en tristes estaciones
de un vía crucis que ahora empieza:
desolación, angustia, vivos enterrados,
muertos, hedor, hambruna,
orfandad, llanto, niños desamparados,
miembros mutilados,
muchedumbre en ritual, deambulando,
a la espera de una luz en el camino,
de un guía, de un sol brillante
de una nueva vida: Un Haití resucitado.