217 A una mujer


Autor*Julio Cortázar
No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón, no hay
que estar triste si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera
lo inmóvil, ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí,
constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo -pero por qué nombrar el polvo y la ceniza-.
Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día era lo efímero, el agua que
resbala por las hojas hasta hundirse en la tierra.
Sólo dura la efímero, esa estúpida planta que ignora la tortuga, esa blanda tortuga que
tantea en la eternidad con ojos huecos, y el sonido sin música, la palabra sin canto, la
cópula sin grito de agonía, las torres del maíz, los ciegos montes.
Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo,no nos movemos del terror y la
delicia, y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados para dejarnos ver sin
tregua cómo crecen las plantas del
balcón, cómo corren las nubes al futuro.
¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té. No hay drama en el murmullo, y tú eres
la silueta de papel que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de creer que se
nace o se muere, cuando lo único real es el hueco que queda en el papel, el golem que nos
sigue sollozando en sueños y en olvido.